Par(r)a nada un poeta común

“La poesía chilena del siglo 20 se divide entre Pablo Neruda y Nicanor Parra. Ellos son la fuerza de la poesía lírica y la fuerza de la poesía social, respectivamente”, asegura la directora de Extensión de la Universidad de Concepción, María Nieves Alonso. Es que el antipoeta, nacido en 1914 en San Fabián de Alico, se alimentó de la cultura popular gracias a sus padres, un profesor y una modista aficionados a la música y al folclore, lo que determinó su obra literaria.

Pero también tiene una notable formación académica: estudió Mecánica en Brown y Cosmología en Oxford, además de ejercer como profesor en la Universidad de Chile, donde aprendió física. Todo mientras leía a García Lorca, Geoffrey Chaucer, Shakespeare y Kafka.

“Toda esta poesía que parece tan sencilla, tan coloquial, es fruto de una mente con un conocimiento y una competencia lingüística impresionantes”, continúa María Nieves. “A veces a los poetas es mejor no conocerlos, pero Nicanor es de esas personas que se agrandan cuando uno las conoce: es inteligente, creativo, alerta, generoso y fiel a su origen”, agrega.

Parra no olvida a Chillán, de donde es hijo ilustre. En “Hombre al agua”, por ejemplo, habla de escapar de los versos y las ecuaciones e irse a esa ciudad “a recorrer los lugares sagrados”. Es en su obra poética, que supera la veintena de publicaciones, donde expresa incluso estas cosas tan íntimas, insistiendo en no ocupar la jerga poética o la retórica.

“Me pareció que el lenguaje habitual, el lenguaje conversacional estaba más cargado de vida que el de los libros, que el lenguaje literario, y hubo un tiempo en que yo no aceptaba en los antipoemas sino expresiones coloquiales”, le dijo Parra en los ’60 a Mario Benedetti.

Un embutido de ángel y bestia

A Nicanor Parra le gusta impactar. Es lo que busca cuando asume el papel del Cristo del Elqui o cuelga a los presidentes de Chile en una exposición. También, cuando aseguraba que su obra era anti-Neruda por sintetizar lo popular y lo sofisticado.

Sin embargo, Parra no comenzó haciendo poesía. En 1935 participó junto a Jorge Millas y Carlos Pedraza en la “Revista Nueva”, donde publicó sus trabajos en prosa. Dos años más tarde fue “Cancionero sin nombre” que según su autor no es más que un “pecado de juventud”. Es desde “Poemas y Antipoemas” cuando comienza a llamar la atención con un estilo que bautiza “poesía de la contradicción”.

Esa capacidad de incluir en un mismo texto lo social con lo retórico es clave en el proyecto parriano, tanto a nivel de escritos como de instalaciones, sus artefactos. Y también cuando se refiere a sí mismo, como en “Epitafio”: “Fui lo que fui: una mezcla / De vinagre y aceite de comer / ¡Un embutido de ángel y bestia!”.

María Nieves Alonso y el antipoeta.

(Publicado en la Revista Nos en septiembre de 2010)