Inarbolece y los rockstars en su nuevo video: “no hay que ser machista para ser rockero”

Fue, literalmente, el primer momento de calma luego de la tormenta. El rodaje de “Abejas de mi sangre”, tercer video promocional del disco homónimo de Inarbolece, estaba programado para el único día en que los servicios meteorológicos aseguraban que no llovería en la provincia de Arauco.

Entre las 9 de la mañana y las 5 y media de la tarde -las horas en que el sol de invierno alumbraba en el sur- el trío de Joselías Riquelme (voz y guitarra), Felipe Lorca (bajo) y Alejandro Riquelme (batería), junto al músico de apoyo Daniel Lagos, registró cada plano del primer video musical en que aparecían como banda frente a la cámara.

“Lo grabamos en Curaquilla, un sector rural camino a Llico”, cuenta Lorca. “No sé si comprende más de un par de casas, pero es una playa extensa con mucha basura y moteles”.

Pero en “Abejas de mi sangre” no se ven los moteles ni la basura (a excepción de la contaminación de la celulosa, que protagoniza los primeros segundos del video). Al centro del lente están las coreografías y los trajes anchos a la David Byrne, el maquillaje y el labial turquesa, un mini cooper y exagerados ademanes de rockstar.

“Para mí, la canción tiene un peso fuerte”, confiesa Joselías Riquelme, quien cuando está sobre un escenario se transforma en Ineino. “Entonces el video trabaja como contrapunto, para lograr una superación. Siento que a nivel global funciona esta cosa bufonesca de qué es lo que somos y qué es lo que se supone que deberíamos estar haciendo: si tendríamos que fumar o comernos un chupete, rockear con el pelo largo o reírnos de eso usando los mismos movimientos cool del rock”.

El video es justamente una sátira del rock y, especialmente, sobre sus clichés. “El rock es como nada: realmente da igual si tu pelo es largo o corto. Tampoco hay que ser machista para ser rockero. Nos gusta abrir estas mini polémicas, aunque quizás nadie esté muy pendiente de eso”.

“Abejas de mi sangre” fue trabajado bajo el nombre de la productora audiovisual Atentado Turquesa, que lideran el mismo Ineino y Kareén Fredes (coreógrafa, maquilladora y vestuarista de la banda), y que cuenta con la frecuente colaboración de los fotógrafos Antonio Garrido y Alan Labbé, además de Lorenzo de la Maza (La Tostadora), entre otros.

¿Cómo trabajan los videos?

Joselías (J): Siempre hay una semilla que tiene que quedar clara, así que empezamos a tirar ideas para darle duro a ese concepto y que todo tenga unión y sentido.

Felipe (F): Lo que tenemos a nuestro favor es que el Jose estudió cine tres años en Santiago, entonces tenemos cimientos teóricos super sólidos para hacer los videos en cuanto a guion y con todo lo que se llama preproducción.

J: Para este video, el Alan [Labbé] nos ayudó caleta en dirección de foto, y siempre nos salva porque yo quizás soy más teórico y no sé hacer las cosas. Pero él sabe mover luces, poner pantallas duras, rebotar la luz, usar la cámara.

Inarbolece-01-por-Camila-González

Como Atentado Turquesa, la banda también trabajó sus dos videos anteriores: “De cian intraterrestre”, donde desarrollaron sus primeras alianzas penquistas y conocieron al performer Bastián Vollrath (que los ha acompañado en presentaciones en vivo de la canción), y “Calostro”, protagonizado por una funcionaria del departamento de educación de Arauco que Joselías se pillaba en el bus de camino al colegio y de cuya imagen nunca se pudo desprender.

Dos meses antes del lanzamiento de “Abejas de mi sangre”, el conjunto hizo una mini gira de promoción que los llevó por Cañete y Santiago, además de Concepción. Ahora, con el video promocional lanzado, se embarcan en una nueva gira llamada “El trompo del inárbol” que los llevará al sur y de vuelta a la capital, pero con un integrante menos.

Daniel Lagos, quien hacía percusiones, programaciones y segundas guitarras en vivo, decidió retirarse del grupo. “Su salida fue repentina y yo personalmente no estaba preparado”, cuenta Felipe, “porque ahora tenemos esta gira armada, y debimos reestructurar todo [el espectáculo]. Me da un poco de lata que toda la responsabilidad [de cubrir las partes que tocaba Daniel] recaiga en el Jose”.

El aludido le quita algo de peso al asunto:

“Igual le ponemos color. Yo sigo estudiando con él y nos vemos siempre, no fue como una salida en mala ni nada. Inarbolece venía con un rodaje muy obsesivo y el Dani es más tranqui, y está bien, tiene que darle con todo con su música”.

Hace poco leí en el Diario Concepción que estaban trabajando en material para un segundo disco

F: Como trío hemos trabajado un par de veces en música nueva, pero como partiendo recién en realidad. A lo que me refería con eso es que el Jose siempre ha compuesto constantemente y sé que cuando empecemos a hacer el nuevo disco van a haber muchas canciones.

También han dicho varias veces que quieren hacer videos para todo el disco

F: Cada vez nos convencemos más de eso y creo que se puede convertir en una realidad. Por lo pronto vamos a hacer “Inuterable”, aunque también hemos conversado que podría ser “Cian” sinfónico, y queremos seguir promocionando este disco porque no lleva ni un año lanzado. Queremos terminar este proceso, y recién cuando cerremos el ciclo sería bueno empezar un nuevo disco.

J: Pero quizá igual se venga un single pronto.

¿Se puede decir cuál?

J: Estamos pensándolo.

¿Puede ser “Análogo y digital”?

J: [sonríe] ¿Tú crees?

F: Está abierta la interrogante, la dejamos rebotando.

 

Publicado originalmente en Radio Leufü.

Un dinosaurio llamado rock

El rock, en términos prácticos, está muerto. La aseveración es del crítico y ensayista norteamericano Chuck Klosterman, y no tiene el carácter provocativo nietzscheano de la canción de Marilyn Manson, sino que es un diagnóstico realizado a partir un evidente síntoma.

En su libro “But what if we’re wrong”, el autor señala que el rock ha completado su trayectoria histórica debido a que ya no es simbólicamente importante y no tiene mayor potencial creativo ni un lazo específico con la cultura juvenil (actualmente más orientada al EDM, al Hip-Hop y a sus intermedios).

Tal como con el mariachi, “siempre habrá un puñado de músicos haciendo rock”. Y, como el mariachi -o las marchas militares-, es algo que “siempre subsistirá, pero no representará otra cosa que a sí mismo. Y si algo sólo se puede significar a sí mismo, no tiene mayor relevancia”.

La conclusión de Klosterman es que en unos 300 años, si bien habrá gente que sabrá que el rock existió y fue importante, nadie tendrá mucha idea del detalle a menos que se dedique a estudiarlo específicamente (como sucede hoy con la música clásica e incluso el jazz).

Para el público general, el rock tendrá una o dos caras visibles (según Klosterman, los candidatos de portavoz del rock se reducen a The Beatles, Chuck Berry, Elvis Presley o Bob Dylan). La parte se volverá el todo, y el rostro será sinónimo del estilo, tal y como José Alfredo Jiménez es representativo del mariachi, John Philip Sousa lo es de las marchas militares, y -más que probablemente- Bob Marley lo será del reggae.

Esta predicción no resulta tan antojadiza si observamos la actual tendencia a mezclar géneros que anteriormente estaban definidos y separados entre sí por cortinas de hierro. Es un dolor de cabeza para los puristas y los obsesionados con la categorización taxonómica de los géneros, pero la fusión estilística es algo tan antiguo como natural.

El rock and roll mismo nació de una mezcla de blues, folk, country, rythm and blues y góspel, entre otros géneros previamente conocidos de forma separada. El error purista es creer que el rock -y que el estado actual de las cosas- es el final del camino y que no queda más evolución por alcanzar.

Por supuesto que la idea de que todo lo que valoramos en la cultura (como el rock) esté destinado a desaparecer para dar lugar a algo nuevo, creado por y para las nuevas generaciones, produce buena parte de vértigo. Porque si desaparece lo que nos importa y nos define culturalmente, ¿qué quedará de nosotros?

Cuando terminó el show de El Cómodo Silencio De Los Que Hablan Poco, el pasado viernes 19 de mayo en el contexto del Balmarock, me quedé justamente pensando en ello. La banda me había sonado a muchas cosas que escuchaba cuando tenía la edad promedio de quienes atendían al concierto, básicamente adolescentes, sin coincidir (estereo)típicamente con un género específico.

En vivo, El Cómodo alcanza el noise de Sonic Youth, tiene las guitarras y las líneas vocales de American Football y Galaxie 500, estructuras cercanas al post-rock mezclado con punk, y pasajes que me recordaban más o menos literalmente a la producción de Deftones y la composición de Foo Fighters(¿nadie más escucha un guiño al coro de “My Hero” en “Despedida”?). Todo decorado con toques de folclore en algunas guitarras y redobles, y una actitud emo punk que vocifera la teenage angst propia de la edad.

Este eclecticismo es la muestra particular de un proceso general que sólo se ha ido acelerando con el tiempo. Pronto el género A se mezclará con el género B, y crearán el género C que se fundirá con el F, que a su vez nació de la mezcla entre D y E. Luego, la mixtura de estilos seguirá de forma exponencial.

Esto es a la vez aterrador y estimulante: ¿cómo ha de sonar la música que oigan los adolescentes en 600 años? No voy a tener forma de saberlo, y tengo claro que cualquier conjetura que haga será 6 veces más ridícula que las predicciones que la gente de 1910 hizo sobre nuestra era.

El rock no está muerto aún, y de ello es prueba El Cómodo (y sus fanáticos adolescentes), pero gradualmente irá sacrificando su protagonismo para disolverse en el éter. El rock no se destruirá, sino -y esto sí es una provocación nietzscheana– será transformado hasta lo irreconocible, hasta la invisibilidad completa, y en la muerte encontrará su inmortalidad.

 

Publicado originalmente en Radio Leufü.