Siempre termino volviendo

Y así ocurrió que el muchacho prematuramente adulto terminó por vivir durante su enfermedad una segunda infancia artificial. El carácter que le habían robado los hombres de la escuela cuando era niño volvió con mayor fuerza y pasión, errabundo entre una verdadera selva de recuerdos cuya fuerza y claridad los hacía acaso enfermizos. Volvió a vivirlos con una pasión y un ardor no menores que entonces, y la corriente contenida durante tanto tiempo volvió a fluir con tanta fuerza que amenazó, incluso, con anegarlo todo.

Cuando se poda un árbol brotan en su tronco y en sus ramas nuevos retoños. Así ocurre también con un alma enferma en su floración y maleada en su germen que retoña nuevamente y vuelve a la época primaveral del principio, a la niñez irresponsable e inocente, como si pudiera descubrir en ella nuevas esperanzas y anudar el hilo roto de la vida. Los retoños del tronco y de las ramas crecen también con fuerza y rapidez, pero siempre siguen siendo retoños sin llegar jamás a árbol.

Así le ocurrió también a Hans Giebenrath, y ello nos hace necesario seguir un poco sus caminos de ensueño al reino de la infancia.

(Herman Hesse, Bajo las ruedas. 1906)