Café Tacvba en Concepción: sincretismo bailable

La excusa era celebrar los 20 años de su segundo disco, “La Suerte”. Pero el show de Javiera Parra & Los Imposibles, realizado en la apertura de una cita doble con Café Tacvba en el Gimnasio Municipal de Concepción, consideró sólo 3 canciones de aquella placa: “Me Río a Mares”“Alacrán” y “Proverbios”.

Las 7 canciones restantes se repartieron entre temas de “Corte en Trámite” (“La Ventana Verde”“Humedad”), hits del nuevo milenio (“Soy tu Agua”“El Poder del Mar”) y un homenaje a Violeta Parra (una versión pop-rock de “La Jardinera”, cuyo valor reside en el hecho de que es interpretada por la nieta de aquel bastión cultural latinoamericano). Mientras Cuti Aste estuvo la mayoría de los 50 minutos de concierto (rotando entre hammond, trompeta y acordeón), recién en las últimas tres canciones se asomó el segundo invitado del show, Titae Lindl.

La idea de esta fecha era reencontrarse con los primeros Imposibles, aquella formación que logró llegar al centro de la burbuja discográfica chilena e hizo algo que hoy parece ridículo: viajar a Inglaterra por un mes para registrar “La Suerte”, una obra de exploración identitaria y búsqueda sonora, que luego sería masterizada en Abbey Road. Y en vivo se nota el peso histórico de la banda de Parra: cada show reluce la huella que Javiera & Los Imposibles dejó en el cancionero nacional.

Lástima que el recinto no acompañaba mucho. Y es que, como cualquier gimnasio, el Municipal no es un lugar acústicamente apto para realizar conciertos de rock, pop u otros estilos donde haya varias capas sonoras y existan secciones rítmicas que necesiten oírse con claridad. Por suerte, el carisma de los dos números de la noche le robó protagonismo a las reflexiones sonoras del edificio, que iban de molestas a moderadas dependiendo de la locación.

A las 22:30 en punto, con accesorios de neón y al estilo del Día de Muertos, apareció Café Tacvba. Quique Rangel (bajo) tomaba la voz principal en la monumental “Futuro”, una cumbia dubstep a la ZZK Records que en vivo se siente como un terremoto y que fue el primer single de su último disco, “Jei Beibi” (2017), la razón de su visita al país. El bass drop sacudió al público de sus asientos por primera vez en la noche, y el resto del enérgico show los mantuvo de pie (y bailando) por las siguientes dos horas.

Junto con los karaokes infaltables (“Las Flores”, “El Baile y el Salón”), también hubo espacio para los covers más queridos. Antes de cerrar el set principal, desataron la disco con su versión para “Déjate Caer” y la coronaron con la participación de Titae Lindl en el bajo. Fue un momento que no por previsible dejó de tener encanto.

En la mitad del primer encore, el vocalista Rubén Albarrán hizo un extenso guiño a varias causas sociopolíticas, en un discurso que pretendía cambiar mentalidades o que simplemente buscaba filtrar a su público. Saludó a los estudiantes, a los inmigrantes, a la causa ecologista, a los desaparecidos de Ayotzinapa (para quienes escribieron “1-2-3”) y a luchas como la feminista, la LGBT+ y la de los pueblos originarios.

Luego, se lanzaron con “No Controles”, una versión de Olé Olé que grabaron en 1996 para el disco de covers “Avalancha de Éxitos” y que es una rareza en los setlist de esta gira. Con 21 canciones, este fue el cuarto show más largo de lo que va de año según setlist.fm, lo que permitió el espacio para estas joyas destinadas para los más fanáticos.

Café Tacvba brilla en vivo principalmente gracias a su amplio rango: pueden pasar de un jam guitarrero como “Disolviéndonos” al pop andino de “Olita del Altamar”, y cerrar con un bolero tan dramático como “Esa Noche” o una suite como “Volver a Comenzar”. Es aquel eclecticismo lo que hizo resaltar a “Re” (1994), y es justamente lo que ha llamado la atención de “Jei Beibi”.

Lo suyo es una búsqueda constante de equilibrio entre puntos que parecen extremos irreconciliables (lo análogo y lo digital, lo folclórico y lo moderno), pero que logran encontrar un hilo conductor en la honestidad de la banda consigo mismos y el público.

Fotografías: Francisco Arias y Antonio Garrido. Publicado originalmente en La Rata.

Autor: Chelors

Latinoamerichano.

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